Sofia—Una Escort con Todas las Letras

Habrá muchas Sofías, pero como la Sofía (091939024) que paso a contarles, no creo. Hace poco atendía en La Casona de Gaby, sitio obligado si de placer se trata, en las céntricas calles de Río Negro y Canelones. No sé si seguirá ahí, pero fue donde nos conocimos hace unos meses luego de leer excitantes relatos de entusiasmados foristas que sí, tenían toda la razón…

Rodeado de sus Piernas

Todavía la veo, su cara, esa cola… Qué mujer, belleza impresionante, con un hermoso andar arriba de esos tacones altos. Sin vueltas, nos dejamos caer en la cama, la besé de una, unos besos que parecían apasionados de verdad, chupones de los buenos, rodeado de sus piernas largas y unas nalgas bien ricas que mis manos trataban de abrazar enteras, mientras miraba su hermosa cara, unos ojazos oscuros que cada tanto cerraba…

A esa altura del partido, me saqué todo, la desvestí, deliré mis ojos con su vulva carnosa y unos pechos de buen tamaño que apreté como esponjas. Solita se dio vuelta y… Qué cola. Pero qué cola, lo que daría ahora por estar de nuevo arriba de su espalda con la lengua y bajar otra vez hacia esas nalgas encantadoras y chupar una y otra teta, esos pezones bien, pero bien parados.

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Gimiendo con una veracidad tremenda

Luego ella me besó el cuello, con calma y cariño. Doblando su cabeza a un lado para correrse el pelo de su cara, comenzó a bajar, se detuvo y se puso a mirar el alegre paquete de entre mis piernas. Con su mano lo toqueteó, bajando y subiendo el forro con una serenidad infartante, hasta meter todo adentro de su boca, al natural, lengüeteando el corazón púrpura y descendiendo suavemente hacia el tronco del macaco. Después me la agarró de la base, con la boca me puso el condón, la calzó bien centrada y encima empezó a saltar, despacito, metiéndosela entera cada tanto y gimiendo con una veracidad tremenda. Siguió dando pepazos profundos, por momentos con gran fuerza y hamacándose de un lado a otro, hasta que solita culminó con unas respiraciones y tensiones de cuerpo de parte de ella que avisaban su llegada…

Si fingió, me encanta entonces que me finjan así, porque verla a ella en ese estado me embaló como loco, la di vuelta y de frente la perforé con delicadeza. Arranqué a acelerar y desacelerar adentro de esa pepa que ardía de lo lindo, tanto que sentía el macaco con una calentura y bombeo de sangre que ya no podía más. Le pedí que se diera vuelta y en cuatro metí y saqué, metí y saqué, metí y saqué hasta que a los minutos estaba largando todo el yogurt entero. El macaco quedó calentito y lleno, estacionado unos hermosos segundos dentro de la caldeada pepa de Sofía… Un polvo con todas las letras, con una mujer en mayúsculas. Inolvidable. Reincidiré.

Roberto Fernandez

Roberto es uno de los fundadores de Pasion. Se dedica a la programación de la plataforma y marketing online.